Recuerdo cuando me levantaba tempranito y trataba de no meter mucha bulla. Queria prepararles una sorpresa, y me ponía lista para preparar el desayuno. Más de una vez tuve de cómplice a mi hermano, con el cual he compartido más de una batalla.
Y aquí estamos los dos, sentados al lado de la estufa, yo platicándole mis problemas y él escuchándome con atención.
La vida nos ha entregado caminos distintos, pero hemos sabido complementarnos bien, a pesar de las diferencias ideológicas y demases. Una larga espera y un silencio que no incomoda. Los infaltables paseos dominicales a la playa o la vuelta a la Isla el Alacrán. Lo pasamos terrible bien.
Tomo otra taza de café. Creo que me he vuelto adicta a él. Pero, es necesario frente a tanta cosa que hacer. Y quiero que la revolución me espere despierta, no dormida como a tantos, que aún se mantienen en el agradable sueño de lo ilógico, lo superficial e irreal.
Y si de recuerdos se trata…daría lo que fuera por tener a mi viejo una vez más a mi lado, leyéndome esos cuentos que tanto me gustaban y viendo una y mil veces aquellas películas que tanto me hacían reir.
If you enjoyed this post you might want to subscribe to our RSS Feed!