Suelo hablar poco, lo justo, cuando es necesario, mas escucho a todos quienes lo deseen. De abrazos y “te quiero”, camino dia a dia por las calles de esta selva de cemento. El individualismo me mata, sobre todo porque lo observo a diario, cuando entro a la sala de clases, en las niñas abakanadas, en el metro, en la micro, en todas partes. Y me mata , al punto de querer combatirlo a cada rato.
Por estos días, a pesar del colapso y el estress universitario, se respira un aire más limpio. Y es que, a pesar de todo, siempre encuetras la forma de estar feliz y de compartir esa felicidad con los otros.
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