El sol tardó en salir. En las calles de la nortina ciudad se respiraba un aire de indiferencia e individualismo; sin embargo, cerca de la plaza principal, se juntaba poco a poco un grupo de mujeres que, todos los años, se dan cita a los pies de la catedral, para recordar a los caídos, a los que ya no están, a los que perdieron su vida en pos de un ideal.

Miré mi reloj y ya se me hacía tarde, así que tomé rápidamente mi cámara fotográfica y me dirigí hacia aquel lugar.

Allí estaban ellas, las mujeres de luto, con el clavel rojo en una mano, y con la otra sosteniendo la fotografía de aquellos a los que nunca más volvieron a ver.

El minuto de silencio se prolongó por más de media hora…y entonces reflexioné acerca de la indiferencia que existe hoy en día frente a estos temas. Cada año son menos los que van. Cada año son menos los que dicen “ni perdón, ni olvido”. Cada año somos menos los que recordamos una época oscura, donde la historia se tiñó de sangre, donde los ideales fueron matados por el fascismo y el militarismo. Cada año son más los que se dejan llevar por la corriente frívola y dulce que ofrece el individualismo, la derecha y su maldita reconciliación.